La industria electrónica y de semiconductores ocupa un lugar estratégico en la economía mundial por su papel en el desarrollo tecnológico y su capacidad para impulsar innovación, transferencia de conocimiento, sofisticación industrial y empleos de alto valor. Consciente de ese potencial, Guatemala desarrolla la Ruta del Chip, una iniciativa que busca preparar al país para reunir las condiciones que le permitan consolidarse como un destino estratégico para inversiones en este sector. Se trata de una iniciativa de país que articula los esfuerzos del sector público, la academia, el sector privado y la cooperación internacional para fortalecer las capacidades necesarias para integrarse de manera competitiva a esta industria.

Prepararse para participar en una industria que representa una oportunidad para Guatemala exige comprender cómo otros países desarrollaron las capacidades que hoy les permiten competir. Antes de definir instrumentos, programas o mecanismos de articulación, es necesario estudiar cómo esos ecosistemas evolucionaron y qué decisiones hicieron posible su crecimiento.

Con ese propósito, en mayo de 2025 el Ministerio de Economía, a través de la Agencia Nacional de Atracción de Inversión Extranjera Directa ― ProGuatemala, realizó una misión técnica a Taiwán y Singapur, dos referentes internacionales en el desarrollo de la industria electrónica y de semiconductores. La agenda reunió a universidades, centros de investigación, empresas e instituciones públicas que, desde funciones distintas, han contribuido a construir ecosistemas capaces de sostener una de las industrias más complejas del mundo y buscando responder a la pregunta ¿qué necesita construir Guatemala para participar en esta industria?

Aunque las instituciones visitadas desempeñan funciones distintas, las experiencias compartidas convergieron en cuatro grandes aprendizajes que aportan perspectivas diferente sobre las capacidades que Guatemala necesita construir para prepararse hacia esta industria.

Antes del talento, la estrategia

Uno de los mensajes más consistentes de la misión es que el talento especializado es resultado de una decisión estratégica. Antes de decidir qué carreras crear o qué programas de capacitación impulsar, un país necesita definir en qué parte de la cadena de valor desea participar. Esa decisión determina las capacidades que deberá desarrollar, los perfiles profesionales que demandará la industria y las alianzas que serán necesarias para construir ese ecosistema.

La National Taiwan University (NTU) introdujo esta reflexión desde el inicio de la agenda. A través de su Global Undergraduate Program in Semiconductors, explicó que los programas de formación pueden diseñarse específicamente para responder a las necesidades de un país, pero antes debe existir una definición clara sobre el segmento de la industria en el que desea especializarse. La estrategia antecede al currículo.

La National Yang Ming Chiao Tung University (NYCU) mostró cómo esa visión puede traducirse en cooperación académica de largo plazo. La capacitación de un primer grupo de 28 profesionales guatemaltecos y la posibilidad de ampliar esa experiencia mediante nuevas cohortes y programas de becas evidenciaron que el desarrollo de capacidades requiere relaciones sostenidas entre universidades, gobiernos y organismos de cooperación internacional.

El recorrido también permitió comprender que la formación especializada continúa más allá de las universidades. El Taiwan Semiconductor Research Institute (TSRI) presentó programas que han beneficiado a cientos de estudiantes internacionales y abrió la posibilidad de explorar mecanismos de cooperación entre instituciones guatemaltecas vinculadas con la ciencia, la educación superior y la planificación del desarrollo. Por su parte, el Industrial Technology Research Institute (ITRI) evidenció cómo la investigación aplicada funciona como un puente permanente entre el conocimiento científico y las necesidades de la industria, creando oportunidades para el desarrollo de investigadores e ingenieros altamente especializados.

La experiencia del Hsinchu Science Park, uno de los parques científicos más importantes del mundo para la industria de semiconductores, añadió otra dimensión a esta visión. Allí, las empresas participan activamente en la formación del talento antes incluso de que los estudiantes concluyan sus estudios mediante ferias de reclutamiento organizadas dentro del propio parque. Además, ejecutivos retirados acompañan a nuevos emprendedores, demostrando que la transferencia de conocimiento continúa durante toda la vida profesional.

La visita a K&H MFG complementó esta perspectiva desde el ámbito productivo. La empresa mostró que una industria de alta tecnología no depende únicamente de investigadores e ingenieros, sino también de técnicos especializados capaces de integrarse a procesos de manufactura más sofisticados.

En Singapur, Enterprise Singapore amplió el concepto de desarrollo de talento al presentar un modelo donde universidades, Institutes of Higher Learning (IHLs), incubadoras, aceleradoras y empresas trabajan de manera articulada para conectar la formación con las necesidades del mercado y facilitar que el conocimiento se convierta en innovación y crecimiento empresarial.

A pesar de pertenecer a instituciones con funciones distintas, todas compartían la convicción de que el talento no debe entenderse como una responsabilidad exclusiva del sistema educativo, ya que el resultado de una estrategia que articula política pública, academia, investigación y sector productivo.

Para Guatemala, este aprendizaje trasciende la creación de nuevas carreras o programas de capacitación. Prepararse para participar en esta industria implica construir un ecosistema donde las capacidades evolucionen junto con las necesidades del sector productivo.

La empresa como modelo de enseñanza

Uno de los hallazgos más relevantes de la misión fue que las empresas demandan talento, orientan la evolución de la industria y ayudan a definir las capacidades que un país necesita desarrollar.

En las reuniones sostenidas en Taiwán, el Industrial Technology Research Institute (ITRI) explicó que el segmento de ensamblaje y pruebas de semiconductores (OSAT) suele convertirse en una de las principales puertas de entrada para países que comienzan a desarrollar capacidades en esta industria. Experiencias como las de Malasia, México, Costa Rica, Panamá y República Checa muestran que la especialización puede construirse de manera gradual, identificando primero el eslabón de la cadena de valor donde existen mayores posibilidades de competir.

La participación en el AI Innovative Application Forum mostró que la integración entre inteligencia artificial y semiconductores permitió identificar hacia dónde evoluciona la industria y la importancia de que Guatemala defina tempranamente los nichos tecnológicos en los que desea desarrollar capacidades.

En Singapur, la Cámara de Comercio de América Latina (LatAmCham) mostró cómo la construcción de un ecosistema también depende de redes empresariales capaces de conectar inversiones, misiones comerciales y socios estratégicos. Más allá de su tamaño geográfico, Singapur ha construido un modelo basado en la conectividad internacional, una característica que aporta nuevas perspectivas sobre el posicionamiento competitivo de un país.

La misión permitió comprender que la empresa no solo participa cuando una industria ya existe, además, contribuye a definir las capacidades, los perfiles profesionales y las oportunidades de especialización que orientan su desarrollo.

La política pública crea el ecosistema

Las experiencias de Taiwán y Singapur mostraron que la competitividad no surge únicamente de la iniciativa privada. En cada ecosistema existe una arquitectura institucional capaz de coordinar esfuerzos, reducir barreras y sostener una visión de largo plazo.

En Taiwán, el Department of Investment Promotion (DOIP) e InvesTaiwan evidenciaron cómo una agencia especializada puede acompañar integralmente a los inversionistas y facilitar mecanismos de cooperación internacional. La misión permitió avanzar hacia una carta de intención y establecer un mecanismo inicial de colaboración, sentando una base institucional para la Ruta del Chip.

La planificación conjunta desarrollada con ITRI, que contempla una visión de diez años para fortalecer capacidades en Guatemala, confirmó la importancia de construir relaciones de largo plazo y de convertir esta iniciativa en una política sostenida más allá de proyectos puntuales.

Singapur aportó otra mirada mediante el Singapore Single Window, plataforma que integra a más de treinta entidades gubernamentales bajo una sola interfaz para facilitar el comercio exterior. La principal lección es que la coordinación entre entidades públicas constituye un requisito previo para simplificar procesos y mejorar la competitividad.

Esa visión se complementó con la experiencia de la Singapore Cooperation Enterprise (SCE), cuyo modelo de cooperación internacional ofrece un proceso estructurado para acompañar a otros países en proyectos de modernización institucional.

En síntesis, Guatemala, a través de ProGuatemala obtuvo como resultado que las industrias estratégicas requieren instituciones capaces de coordinar esfuerzos durante muchos años. La política pública no acompaña al ecosistema; contribuye a crearlo.

Competir requiere infraestructura

La infraestructura apareció como el último gran aprendizaje del viaje, entendida no solo como carreteras, puertos o edificios, sino como el conjunto de condiciones físicas, logísticas y digitales que permiten el funcionamiento de una industria compleja.

El Hsinchu Science Park mostró un modelo donde el Estado desarrolla infraestructura compartida, ofrece reglas claras para la instalación de empresas y concentra servicios que reducen costos y aceleran inversiones. Es decir, constituye una plataforma diseñada para facilitar la innovación.

La misión también confirmó que la infraestructura depende de decisiones estratégicas. Antes de construir un parque especializado, resulta necesario definir el eslabón de la cadena de valor en el que un país buscará desarrollar capacidades, ya que esa decisión determina el tipo de instalaciones, servicios y talento que serán necesarios.

En Singapur, proyectos como el Puerto de Tuas, el Distrito de Innovación de Jurong y la integración de infraestructura digital mediante digitalPORT@SG y el Singapore Single Window mostraron cómo la planificación puede desarrollarse con horizontes de veinte o treinta años, articulando logística, desarrollo urbano, innovación y transformación digital bajo una misma visión de competitividad.

Para Guatemala, el principal valor de este recorrido consiste en haber incorporado evidencia para orientar la construcción de la Ruta del Chip. Las experiencias de Taiwán y Singapur permitieron identificar las capacidades que sostienen una industria de alta tecnología y comprender que su desarrollo depende de la articulación entre talento, empresas, política pública e infraestructura. Ese conocimiento ofrece una base más sólida para orientar las decisiones que el país deberá tomar en los próximos años.